Salario mínimo y vivienda VIS–VIP: un efecto que no estamos midiendo bien
En Colombia se suele celebrar el aumento del salario mínimo como una mejora automática en la calidad de vida. Pero en vivienda VIS y VIP ocurre algo distinto: el salario mínimo también encarece el acceso.
El precio máximo de la vivienda VIS (hasta 150 SMMLV) y VIP (hasta 90 SMMLV) está indexado al salario mínimo. Cada aumento se traslada de inmediato al valor de la vivienda, elevando la cuota inicial y el crédito requerido, aunque los ingresos reales de los hogares no crezcan al mismo ritmo.
En territorios como el Huila, esto genera un problema recurrente: familias con subsidio y requisitos cumplidos que no logran el cierre financiero. Los subsidios, que suelen estar entre 20 y 30 SMMLV, pierden capacidad frente al aumento simultáneo del precio de la vivienda.
Además, el salario mínimo también incrementa los costos de construcción, reduce la viabilidad de proyectos VIP y amplía la brecha entre subsidios y precios, especialmente en municipios intermedios con suelo escaso e ingresos bajos.
El debate no debería centrarse solo en cuánto sube el salario mínimo, sino en cómo su indexación afecta políticas públicas clave. Si no se revisa este diseño, seguiremos encareciendo la vivienda social y debilitando el acceso efectivo a una vivienda digna.


