La salud pública del Huila: entre la asfixia financiera y el maltrato al paciente
Hablar hoy del sistema de salud en el Huila ya no es un debate técnico: es una experiencia cotidiana de frustración para miles de ciudadanos. Lo que debería ser un derecho fundamental se ha convertido en una carrera de obstáculos.
Las Empresas Sociales del Estado (ESE) del departamento sobreviven con deudas acumuladas, flujo de recursos inestable y una presión administrativa que termina afectando la calidad del servicio. Pero la crisis no se mide solo en balances financieros: se siente en las filas interminables, en las citas aplazadas y en la falta de especialistas.
En varios municipios del Huila, reclamar medicamentos se ha convertido en un verdadero calvario. Pacientes que deben madrugar para alcanzar un turno, que hacen largas filas bajo el sol, que reciben respuestas como “no hay en inventario” o “vuelva la próxima semana”. Personas con enfermedades crónicas que dependen de esos medicamentos para mantener su tratamiento estable terminan atrapadas en trámites y demoras que no deberían existir en un sistema que se dice garante de derechos.
Y cuando finalmente se logra acceder a una consulta o a un servicio hospitalario, no pocas veces el ciudadano se enfrenta a atención apresurada, falta de información clara y trato distante. No se puede desconocer que existen médicos y profesionales comprometidos que sostienen el sistema con vocación y sacrificio. Pero la experiencia del usuario evidencia que algo estructural no está funcionando.
El problema de fondo es claro: EPS con deudas acumuladas, burocracia que diluye responsabilidades y una cadena de intermediación que termina afectando al paciente. Mientras las cifras se discuten en escritorios, en los municipios la gente espera.
La salud pública del Huila necesita decisiones firmes:
Primero, auditorías transparentes sobre la cartera hospitalaria y las obligaciones de las EPS.
Segundo, fortalecimiento financiero real y técnico de las ESE, sin cálculos políticos.
Tercero, una estrategia seria de atención primaria y seguimiento a pacientes crónicos, especialmente en salud mental, un tema que el departamento no puede seguir subestimando.
No podemos normalizar que enfermarse sea también enfrentarse al sistema.
La salud no puede depender de la paciencia del ciudadano.
El Huila necesita instituciones fuertes, responsables y humanas. Porque cuando falla la salud, no falla un servicio: falla el Estado.



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