Entre anuncios y realidad: Silvia Alexandra Castañeda, la voz firme que sacude el silencio sobre el Huila
En Colombia, las cifras nacionales vuelven y se repiten como un estribillo: “recuperación”, “mejores indicadores”, “reactivación”. Pero en el Huila —en la vida real de los barrios, las veredas, los colegios y el campo— esas palabras se sienten lejos. Aquí, la economía puede estar “mejorando” en el papel, pero la educación se está rompiendo, el empleo sigue sin derechos y la informalidad se volvió costumbre.
En medio de ese contraste aparece Silvia Alexandra Castañeda, mujer huilense y candidata a la Cámara de Representantes por el Huila (Cambio Radical), con una postura que no busca caer bien: busca que la escuchen. Su enfoque no parte de discursos acartonados ni de promesas al aire. Parte de una idea simple y contundente: si el Huila produce tanto, ¿por qué sigue viviendo como si no importara?
La cifra que no debería ser normal: 2.000 jóvenes fuera del aula
El dato golpea: más de 2.000 niños y jóvenes dejaron la escuela en el último año en el Huila. No son “casos aislados” ni una estadística fría. Son historias reales: familias sin ingresos suficientes, transporte imposible, hogares fracturados por la necesidad, jóvenes que se cansan de estudiar sin ver oportunidades al final del camino.
Para Castañeda, la deserción escolar no se explica con excusas ni con diagnósticos eternos. Se explica con una palabra: abandono.
“Cuando un niño deja el colegio, no es porque quiera. Es porque el sistema lo empuja. Eso no es casualidad: es abandono”, afirma.
Y ese abandono se siente más duro en las zonas rurales, donde la escuela compite contra la pobreza, la distancia y la falta de infraestructura. En el Huila, estudiar todavía puede ser un privilegio, cuando debería ser un derecho garantizado.
Pobreza multidimensional: cuando todo falta al tiempo
El problema no es solo la falta de plata. Es la falta de todo junto: educación, empleo, salud, condiciones dignas. La pobreza multidimensional sigue afectando a una parte importante de las familias huilenses, y eso se nota en lo cotidiano: hogares sin acceso efectivo a salud, sin trabajo formal, con baja escolaridad, con condiciones de vivienda precarias y con pocas oportunidades de movilidad social.
“Aquí hay familias que no están ‘en crisis’ un mes: están en crisis toda la vida. Y esa es la verdad que no se ve desde Bogotá”, insiste.
En ese panorama, el mensaje de la candidata busca romper un silencio cómodo: las cifras nacionales no sirven si el territorio sigue sin futuro.
Café: potencia productiva, trabajadores sin derechos
El Huila no es un departamento menor. Es un motor productivo, especialmente en el café. El país lo sabe. Los mercados lo saben. Las estadísticas de producción lo confirman. Pero la otra cara casi no se cuenta: más del 80 % de quienes trabajan en el café están en la informalidad, sin seguridad social, sin estabilidad, sin garantías mínimas.
Es decir: el Huila produce, el país vende, los mercados celebran… pero el trabajador queda desprotegido.
“No es justo que el país se sostenga en el trabajo del campo y que el campesino siga sin seguridad social. Eso es una deuda con el Huila”, dice Castañeda.
Para ella, el debate no es “campo sí o campo no”, sino campo con derechos. Porque cuando la informalidad se normaliza, se normaliza también la precariedad: jornadas largas, pagos inestables, ausencia total de protección y un futuro incierto.
La brecha: anuncios arriba, realidad abajo
En el discurso oficial, el empleo mejora, la economía respira y el país avanza. En el territorio, el panorama es otro: empleo sin derechos, informalidad, jóvenes migrando, estudios abandonados, familias sobreviviendo. Esa brecha —entre lo que se anuncia y lo que se vive— es el corazón del enfoque editorial que Castañeda está instalando.
“A nosotros nos piden paciencia, pero llevamos años esperando. El Huila no pide privilegios: pide justicia”, sostiene.
Y es aquí donde su perfil como mujer pesa: porque no entra a la conversación política desde el molde típico, sino desde una postura de carácter. No habla para gustar. Habla para confrontar una realidad que se volvió paisaje.
“Yo no vine a sonreír en afiches. Vine a decir lo que el Huila vive: produce, sostiene y aun así lo dejan atrás”, remarca.
Cuando las cifras se vuelven rostros
La narrativa que propone no es “contar números por contar”. Es explicar lo que esos números significan:
• 2.000 estudiantes fuera del sistema: futuros truncados y familias sin respaldo.
• Pobreza multidimensional: carencias que se acumulan y se heredan.
• 80 % de informalidad en el café: trabajo duro sin derechos, en un sector que sostiene al departamento.
En su discurso, las cifras no son un argumento técnico: son una prueba del abandono institucional.
¿Quién está defendiendo al Huila?
La pregunta final no busca aplausos. Busca incomodar. Porque si el Huila produce tanto, si sostiene sectores estratégicos, si aporta al país… entonces la pregunta es inevitable: ¿quién está defendiendo realmente al Huila?
Silvia Alexandra Castañeda, candidata a la Cámara de Representantes por el Huila, viene posicionándose como una voz firme, con carácter y discurso directo, construyendo una narrativa que conecta territorio, dignidad y derechos.
Quienes quieran conocer más sobre su historia, su enfoque y el mensaje que está llevando a la conversación pública pueden encontrarla en sus redes sociales y seguir de cerca lo que está planteando para el departamento.


