El Huila es el taxi electoral de moda del sur de Colombia
En cada elección, Huila se volvió el “taxi electoral” de moda del sur del país: los políticos se suben en campaña, recogen votos, se bajan en Bogotá… y rara vez vuelven. Usan al departamento como medio para llegar al poder, no como una causa que valga la pena defender.
Llegan con promesas rápidas, detalles, contratos al oído y uno que otro billete para la foto. Después de las elecciones, desaparecen. No rinden cuentas en el territorio ni regresan a mirar qué pasó con lo que prometieron.
Muchos ni siquiera conocen el Huila: no saben con qué departamentos limita, no entienden el agro, no saben qué industria necesita la región para generar empleo real. Vienen a sacar provecho político, no a construir desarrollo.
El resultado es el mismo de siempre: cuatro años perdidos. Vías rurales abandonadas, campesinos solos, jóvenes sin oportunidades y una economía regional en pausa porque las decisiones se toman desde lejos.
El voto no es un favor; es una inversión. Si no hay presencia, gestión ni resultados para el Huila, esa inversión se pierde. El día de elecciones no es un show: es cuando el Huila decide si sigue siendo taxi… o si se respeta.


