La Doctrina Monroe en el Siglo XXI.
El estruendo de los misiles sobre territorio venezolano ha marcado el acta de defunción de la diplomacia multilateral en América Latina. Lo que vivimos hoy no es una simple “operación de precisión”; es la resurrección violenta de la Doctrina Monroe, adaptada a las necesidades de una potencia que ha decidido que su seguridad energética y hegemonía regional no admiten más desafíos.
El Realismo Ofensivo y la Geopolítica del Recurso
Desde la teoría del poder, la administración estadounidense ha pasado del soft power de las sanciones al ejercicio crudo de la fuerza física. Al capturar a un jefe de Estado —sin importar sus cargos—, Washington ha validado la tesis del realismo ofensivo: en un sistema internacional en constante choque, la única garantía de seguridad es la dominación absoluta del entorno cercano. El mensaje es claro para los BRICS+: el hemisferio occidental tiene un solo dueño, y los recursos estratégicos —especialmente el crudo venezolano, así como el coltán argentino y el agua de Colombia— han vuelto a ser una variable dependiente de los intereses del Pentágono.
Reconfiguración Geopolítica.
Esta incursión militar en suelo venezolano fractura el desarrollo geopolítico regional. Mientras países como Brasil y Colombia intentan invocar el derecho internacional, convocando a consejos de seguridad de la ONU y reuniones de la OEA, la realidad sobre el terreno impone una “pedagogía del dominio”. No se trata solo de “democracia”, sino de la reconfiguración de las cadenas de suministro globales. El control de PDVSA bajo el mando militar de EE. UU. redefine quién tiene el derecho a comerciar y bajo qué términos en el Caribe.
Conclusión: Estamos ante el fin de la ilusión de un mundo multipolar en nuestra propia casa. La región se enfrenta ahora a un dilema existencial: aceptar la tutela de una potencia que ha vuelto a ver a América Latina como su “patio trasero” o intentar una integración real que, hasta ahora, ha demostrado ser trágicamente inútil frente a la fuerza bruta.
Por otro lado, quiero reconocer que la salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela era una necesidad. También rechazo cualquier forma de autoritarismo, sin importar postura política e ideológica, así como cualquier acción militar que atente contra la población civil, vulnere los DD. HH., el DIH y la soberanía de las naciones. Creo fielmente que los regímenes deben mutar o cambiarse al interior de los países y no por la intervención militar de una potencia extranjera.


